Catedral de San Juan Bautista

Tras la conquista de la ciudad en 1230 por parte del Reino de León, se convierte la mezquita de Ibn Marwan (en la Alcazaba) en templo cristiano. Este templo fue la primitiva catedral de Badajoz, denominada Catedral de Santa María del Castillo. Junto con la reconquista, la ciudad se convirtió en sede episcopal, y el primer obispo, Fray Pedro Pérez decide iniciar la construcción de una nueva catedral en 1232. Este edificio fue consagrado por Fray Lorenzo Suárez entre 1273 y 1280.

En el aspecto exterior de la Catedral de Badajoz coexisten distintos estilos como los que indican los elementos góticos, renacentistas y barrocos. La Catedral es de aspecto austero y sencillo, comparada con otras catedrales coetáneas (León, Burgos, Toledo). Motivos de esto fueron: la situación fronteriza de la ciudad, sometida a continuas guerras y destrucciones; la construcción de la Catedral fuera del recinto protector de la Alcazaba; y la escasez económica de la ciudad en la época. Por esto encontramos una construcción robusta, con almenas y merlones, escasez de vanos al exterior, etc. El cuerpo de la Iglesia se construye entre la segunda mitad del siglo XIII y finales del XIV. Varios factores explican el largo plazo de construcción:  pobreza económica del cabildo, población de la ciudad relativamente escasa y su penuria económica, inexistencia de una burguesía rica, la sucesión en la sede episcopal que podría retardar los planes e incluso cambiarlos, la ya mencionada inestabilidad económica y social provocada por el proceso repoblador y las guerras civiles castellanas, que, casi sin interrupción, se extienden desde el último cuarto de siglo XIII al último cuarto del siglo XV. Se establecen una serie de fases en la construcción del complejo catedralicio:

La primera en la segunda mitad del siglo XIII hasta el último cuarto del siglo XIV: Durante este período se proyectaría la planta de cruz latina de la Iglesia con tres naves y tres ábsides poligonales y un crucero que no llegó a cubrirse. La nave central y la del crucero son de mayor altura que las naves laterales para poder permitir la iluminación del interior por medio de ventanales. Durante esta fase sólo se levantó la cabecera y el crucero. También se levanta un claustro situado en el mismo solar que el actual, pero de dimensiones más reducidas. Los ábsides se cubren con bóveda de crucería simple mientras el primer tramo de la nave central lo hace con bóveda de doble tracería.

La segunda en el último cuarto del siglo XIV y primera mitad del siglo XV: Se cubre el crucero y se levantan dos nuevos tramos de las naves, cubriéndose todos ellos con bóvedas de crucería simple. Se fija además la colocación del resto de los pilares de las naves. La tercera en la segunda mitad del siglo XV: Se construyen los tres últimos tramos de las naves con las mismas características de cubierta y se proyectan dos torres a los pies del edificio, de las que sólo se levantará una, la del lado noroeste. La cuarta entre los siglos XVI y XVII, hasta 1662: Se añaden las dos naves de capillas, se construye el nuevo claustro, se remata la actual torre y se construyen las tres portadas. Y la quinta en el último tercio del siglo XVII y primer cuarto del XVIII: Reforma de la cabecera, en la cual desaparecen los ábsides poligonales que se sustituyen por testeros planos. Construcción de la sacristía, la sala capitular y otras dependencias auxiliares.


La Torre

El aspecto de fortaleza que presenta la Catedral se manifiesta también en su torre, de las dos torres proyectadas sólo se construyó una, esta se encuentra situada a los pies del edificio en el ángulo noroeste del mismo, como es normal en los edificios góticos, pero en este caso no está inmersa en la planta originaria de la iglesia, sobre las naves laterales, sino exenta, y se levanta, como otras partes del edificio, sobre un zócalo en forma de talud, lo cual aumenta el aspecto de fortaleza.

La planta de ella es cuadrada, con tres cuerpos mas el de campanas, y con una altura de 37’5 metros.

Los materiales empleados son sillares graníticos y mampostería, que junto con el ladrillo son los utilizados también en el resto del conjunto catedralicio, la fecha de construcción de la torre no está clara, pero probablemente fue cimentada en el siglo XIII, y se levantaría entre los siglos XV y XVI.

El primer cuerpo presenta en el lienzo occidental una ventana de medio punto abocinada de características estilísticas románicas y, por tanto, arcaicas con respecto al momento de su construcción. La ventana está decorada por una hilera de perlas, que se repite en la moldura de división con el segundo cuerpo, y una serie de motivos vegetales estilizados. En la división entre el primero y el segundo cuerpo, hilera de pomas y rosetas decorativas.

El segundo cuerpo tiene dos ventanas, la del lado occidental es de estilo plateresco, dividida en dos cuerpos, el inferior está formado por un vano adintelado, dividido por un parteluz y enmarcado por pilastras de orden compuesto y rematado por un friso con la inscripción AVE MARIA. Está fechada en los capiteles de las jambas en 1532. El cuerpo superior está decorado con una concha o venera entre balaustres y un remate de cornisa. Toda la ventana presenta los elementos decorativos propios del plateresco. Es obra de Juan de Ayala.

La ventana del lado norte es de estilo gótico tardío. Está formada por un vano adintelado y coronada por un arco trilobulado con venera central y las cabezas en relieve de San Pedro y San Pablo; remata el gablete entre dos pináculos y dos escudos labrados en mármol, uno con el cordero, emblema de la catedral, y otro del obispo Pedro González Manso, que rigió la diócesis de 1526 a 1532. Este segundo cuerpo, cuya construcción podría fijarse en el primer tercio del siglo XVI, muestra el tránsito de la arquitectura española entre las últimas reminiscencias góticas y el primer renacimiento del estilo plateresco.

En la división del segundo al tercer cuerpo se emplea una moldura ajedrezada rematada con una crestería gótica.

Las fachadas norte y oeste del tercer cuerpo presentan dos ventanas adinteladas, decoradas con un cordón formando un arco conopial y decoración de perlas. En 1715 se colocan en estas ventanas las “esferas” del reloj, realizado por Miguel Taramas. El tercer y cuarto cuerpo se separan mediante una sencilla moldura con escudos.

El cuarto cuerpo es el de campanas, formado por dobles arcos de medio punto, mas uno de campanil en cada frente. Estilísticamente responde a un segundo renacimiento de líneas más puras y clásicas, vigente en España a partir del segundo tercio del siglo XVI. Este cuerpo está rematado con un friso de doble moldura y un busto por cada frente, entre los que aparece el de San Juan en el lado occidental. En sus ángulos, gárgolas figurativas cuya finalidad es evacuar el agua de las lluvias. Fue concluida en 1542 por Gaspar Méndez.

La torre está coronada por pináculos y almenas con cazoletas de barro vidriado que se utilizaban para las luminarias que se encendían en la ciudad en fechas señaladas, como las vísperas de fiestas. Hay que tener presente que la vida ciudadana se organizaba en torno a su centro religioso y la torre–campanario era el medio de comunicación para convocar a los actos litúrgicos, anunciar los festejos y sucesos cotidianos relevantes, e incluso regular la actividad de la ciudad marcando las horas del día. Estas funciones se cumplían gracias a las campanas y a las mencionadas luminarias.....

Primer cuerpo

Segundo cuerpo

Tercer cuerpo

Cuarto cuerpo



Las Portadas

Las portadas se caracterizan por la sencillez y severidad de todo el conjunto catedralicio, no presentado los caracteres góticos que le serían propios, pues las primitivas portadas del templo fueron reformadas en distintas épocas adaptándolas a los nuevos gustos. En la actualidad se conservan tres, una central o principal y dos laterales.

 

La Portada Principal, situada a los pies de la iglesia en el lado occidental, fue mandada construir en 1619 por el obispo Pedro Fernández Zorrilla y el cabildo. Para ello se convocó un concurso público ganado por el proyecto de Melchor Cordero y Sebastián Vázquez, vecinos de Elvas. Dicho proyecto se sometió a las directrices del cabildo y, por dificultades económicas, no llegó a terminarse como estaba previsto. La actual, aunque cronológicamente corresponde a los inicios del estilo barroco, tiene aún fuertes resabios clasicistas. La portada tiene dos cuerpos: el bajo presenta un vano de acceso adintelado enmarcado por pares de columnas jónicas levantadas sobre podiums que soportan un arquitraba quebrado, el alto presenta una hornacina central y dos cartelas rematadas todas por frontones triangulares. En la hornacina fue mandada colocar, en 1692, por el obispo Marín de Rodezno, la actual escultura en piedra de caracteres barrocos de San Juan Bautista. Las cartelas tienen en bajo relieve sendos escudos, uno episcopal y otro del cabildo. La fachada fue concluida definitivamente con su aspecto actual en 1862, fecha en la que se construye la escalinata. Gracias al programa de restauración de catedrales esta fachada fue restaurada en 1994.

 

La Portada del Cordero, en la fachada norte de la Catedral, de traza muy sencilla, era la más utilizada por la población, pues está orientada hacia la parte antigua, zona más densamente poblada. También ha sido la más utilizada en procesiones y ceremonias religiosas. Es del siglo XVII y está realizada en mármol blanco. De estructura adintelada con frontón, presenta un Cordero con la cruz, símbolo del templo.

 

La Portada de San Blas, en la fachada sur, de aspecto renacentista, fue labrada en 1546 por Gaspar Méndez. Está compuesta por un solo cuerpo, con arco de medio punto enmarcado por pilastras sobre podiums y rematado por un frontón triangular con dos pináculos que culminan la línea de pilastras. En los espacios triangulares formados por el arco de medio punto y el arquitrabe, denominados enjutas o albanegas, se labran dos óculos decorativos. En 1553 se labra una hornacina que rompe el arquitrabe para recibir la imagen de San Blas, en mármol blanco portugués, esculpida por el maestro Hans de Bruselas. Sobre la portada existe un rosetón circular con la rosca acasetonada. En el costado izquierdo de la puerta de San Blas se abre otra de pequeñas dimensiones, de traza sencilla renacentista con frontón triangular, que da acceso a las dependencias catedralicias situadas en torno al claustro.

Portada Principal

Portada del Cordero

Portada de San Blas



El Interior

La Catedral está orientada de este a oeste, como es normal en las iglesias cristianas. En las cuales, el presbiterio, lugar preferente, está orientado a Tierra Santa. La importancia que para el culto religioso tiene el presbiterio es la razón por la cual se inicia normalmente por él la construcción del edificio. Así, la larga duración de los trabajos emprendidos para levantar estas construcciones no es obstáculo para que se realicen cultos religiosos.

La planta de la Catedral es de cruz latina con tres naves, crucero y dos más de capillas. La nave central y la de crucero son de mayor altura para facilitar así la iluminación del interior mediante ventanales, y carece de tribunas. Las naves se cubren con bóvedas de crucería sencilla, excepto el tramo que daba acceso al presbiterio que presenta una tracería doble, algo poco usual, con la intención de otorgar un aspecto más rico a este espacio preferente. Sin embargo, las bóvedas de algunas capillas son más ricas y suntuosas, debido a que o bien se levantan en la última fase del gótico (más decorativo), o a que son pagadas por manos privadas. El espacio interior de la Portada de San Blas se cubre con una bóveda de cañón renacentista que debió proyectarse acasetonada en su totalidad, como lo está el inicio de la misma; además a este espacio asoma una ventana lateral de la capilla de Santa Ana, con rejería plateresca.

Del crucero pende una lámpara majestuosa, la cual está considerada como una pieza única en la Peninsula Ibérica, de 6,5 metros de altura y 3,8 de diámetro, de 102 brazos, con un peso total de 3750 kilos, traída del Palacio del Congreso de Madrid por Adelardo López de Ayala cuando era su presidente en el año 1878.

El sistema de soporte empleado es el de pilares cruciformes con columnas adosadas que recogen el peso de las bóvedas por medio de las nervaduras góticas. Los pilares poseen ciertas reminiscencias románicas por la presencia marcada de basas y capiteles, algunos de ellos decorados también con elementos figurativos más propios del estilo precedente. Lo mismo sucede con los soportes exteriores y, mientras en los edificios góticos lo característico es el arbotante y el estribo, en la Catedral el contrarresto del empuje de las bóvedas se efectúa con contrafuertes de tipo románico. Estos contrafuertes no son visibles hoy en su totalidad al adosarse, posteriormente, al cuerpo de la iglesia las capillas laterales.

Interior de la Portada de

San Blas

Lámpara del Crucero

 

Pilares cruciformes con columnas adosadas



La Capilla Mayor

La Capilla Mayor, que originariamente estuvo formada por tres ábsides poligonales cubiertos con nervaduras góticas y careció de girola, fue mandada reformar por el obispo Marín de Rodezno, entre 1681 y 1706. La reforma consistió en dar una mayor amplitud al presbiterio. Éste se cubrió con una cúpula en el primer tramo y una bóveda de cañón con lunetos en el segundo. También se reforzaron las cabeceras de las naves del Evangelio y de la Epístola que, al igual que en la Capilla Mayor, sustituyeron los ábsides poligonales por testeros planos y se cubrieron con bóvedas de aristas.

En el Altar Mayor se encuentra un retablo barroco en madera dorada, obra de Ginés López (1715-1717). Está formado por banco, dos cuerpos, tres calles y remate; ricamente decorado con hojarascas y elementos típicos del estilo, como las columnas salomónicas en el primer cuerpo y los estípites del segundo. La rejería, otra de las joyas de la Catedral, data de finales del s. XVII, siguiendo modelos del Alentejo portugués.

El retablo está presidido en la calle central del primer cuerpo por la escultura en madera dorada del titular de la Catedral San Juan Bautista, obra del escultor madrileño Juan Alonso Villabrille y Ron; en las calles laterales las imágenes en madera policromada de San Pedro y San Pablo. En la calle central del segundo cuerpo, escultura de la Inmaculada, en madera policromada, perteneciente a la escuela sevillana de principios del siglo XVIII y  relacionada con el círculo de Duque Cornejo; a la derecha de la Inmaculada imagen de San Atón, nacido en Badajoz, y a la izquierda San Francisco Javier; también en el segundo cuerpo cuatro ángeles portalámparas o lampadarios. Por último, en el remate del retablo, representación de las tres Virtudes: Fe, Esperanza y Caridad. Sobre la mesa del altar un Crucificado del siglo XVII en madera policromada. El retablo es uno de los mejores ejemplares artísticos de la Catedral. En la realización de las tallas menores participaron Miguel Sánchez Taramas y Francisco Ruiz Amador.

Altar Mayor

Rejeria de la Capilla Mayor



El Coro

El Coro se considera una de las joyas artísticas que posee la Catedral de Badajoz.

Se dispone en la nave central ocupando dos tramos de la misma, como en el resto de catedrales góticas españolas. Está formado por un rectángulo de 14,8 x 7,8 m. Hay dos órdenes de sillas (43 altas + 36 bajas) en torno al sitial del obispo. En los laterales dos tribunas rematan el conjunto. La autoría es de Jerónimo de Valencia, discípulo de Berruguete (1555-1559). Es de estilo plateresco, con figuras del Antiguo y Nuevo Testamento, y Santos y Doctores de la Iglesia. Además cuenta con ricos motivos como columnas abalaustradas, angelotes, guirnaldas, crestería, cartelas, medallones, etc. En las tribunas laterales del Coro encontramos figuras alegóricas de virtudes entre pilastras jónicas, del siglo XVIII.

El Coro contiene dos facistoles o atriles de lecturas, uno de madera plateresco del siglo XVI y otro de bronce del siglo XVIII conocido por El Aguilón, de José Rivero (1767). El Coro está rematado por tres órganos, los dos laterales renacentistas y el central que ostenta el escudo del cabildo es barroco, de principios del siglo XVIII. Las rejas que lo cierran, como las de la Capilla Mayor y las del tránsito entre ambos y los dos púlpitos, son de finales del siglo XVII.  Las rejas, con hierros abalaustrados y cilíndricos levantados sobre zócalos y coronados por frisos rematados por roleos o espirales, están dentro de la tradición de rejería extremeña iniciada por Juan Cayetano Polo.

En el trascoro se encuentran dos pinturas al óleo sobre lienzos: San José, próximo a la obra de los discípulos de Murillo, y los santos mártires Marco y Marceliano, ambas del siglo XVIII y pintadas por Alonso García Mures en 1727.

                                                       Imagenes de el Coro



Capilla del Bautismo

La Capilla del Bautismo, está situada a los pies de la nave del Evangelio y fue terminada en 1523. Esta capilla, que se llamó de las Angustias, se encuentra bajo la torre–campanario y está cubierta con una bóveda estrellada de cuatro puntas y un sol en la clave. El altar derecho conserva un frontal de azulejería trianera de cuenca o arista del siglo XVI. Sobre el altar una pintura al óleo con el tema Bautismo de Cristo, firmada por Diego Florindo en 1856. En el frontal de la capilla, un cuadro–altar en madera dorada de la segunda mitad del siglo XVII que contiene una pintura al óleo sobre lienzo con el tema Nuestra Señora de Sopetrán, que podría corresponder a la misma época del retablo, aunque con elementos iconográficos arcaicos. La pila bautismal, situada en el centro de la capilla, es de alabastro con copa torsa y cordón decorativo en el borde, correspondiente al siglo XVI.


Capilla de Santa Bárbara

 

La Capilla de Santa Bárbara, está cubierta con una bóveda estrellada de ocho puntas, conserva el retablo de Santa Bárbara, en madera dorada, dos cuerpos y una calle y columnas salomónicas y estípites de la primera mitad del siglo XVIII, presidido por la talla de Santa Bárbara.

Ambas obras atribuibles a Francisco Ruiz Amador.


Capilla de los Fonseca

La Capilla de los Fonseca, fué dotada por don Lorenzo Suárez de Figueroa, se cubre con una bóveda estrellada de ocho puntas construida con ladrillos, magnífico ejemplo de arquitectura mudéjar. En esta capilla se colocó, en principio, la lauda sepulcral en bronce de don Lorenzo y se conserva un retablito barroco en madera dorada, obra de Alonso Rodríguez Lucas que contiene el magnífico relieve en alabastro de la Virgen con el Niño. Indudablemente, es una obra del renacimiento italiano del siglo XV atribuida a Desiderio de Settignano. En la parte inferior del mismo retablito hay una pequeña pintura sobre cobre de principios del siglo XVII de gran calidad con el tema de Cristo recogiendo las vestiduras, sobre la que se ha discutido su autoría, ya que ha sido atribuida a pintores tan prestigiosos como Morales, Alonso Cano y Tiziano y su círculo artístico. En esta capilla se conserva la sepultura del obispo Félix Soto y Mancera.


Capilla de las Reliquias

La Capilla de las Reliquias es destinada a cobijar un centenar de reliquias de santos, está cubierta con bóveda de crucería sencilla, muestra en su frontal los escudos nobiliarios de los Guzmanes y Zúñigas. En los laterales, retablos en madera dorada. A la derecha un retablo/relicario de líneas aún clásicas, obra Antonio Morgado en 1646. A la izquierda otro de menores dimensiones y de características estilísticas barrocas dedicado a San Julián y realizado en 1678 por Alonso Rodríguez Lucas. Existe otro neoclásico con imagen de San Pedro de Alcántara, del siglo XVIII.


Capilla de Santa Teresa (San Pedro)

Capilla de Santa Teresa (San Pedro). Cubierta con bóveda de crucería simple, fue fundada por Suero Vázquez de Moscosso, como reza una inscripción sobre la magnífica rejería plateresca del segundo cuarto del siglo XVI. En esta capilla está enterrado el obispo José María Alcaraz y Alenda. Posee un retablo del siglo XVII presidido por una escultura de San Juan de Ribera.


Capilla de la Magdalena

Capilla de la Magdalena. Levantada por Marín del Rodezno a finales del siglo XVII, se cubre con una cúpula sobre pechinas. La capilla está presidida por el retablo de la Magdalena, en madera dorada, obra Alonso Rodríguez Lucas (1701); en el centro, pintura al óleo sobre lienzo de la Magdalena penitente, de Antonio María Esquivel (1833). El retablo, en su ángulo inferior derecho, posee un retrato como donante del obispo Marín del Rodezno y en el remate un Calvario. En esta capilla existen dos enterramientos, a la derecha, el del propio obispo que la fundó y a la izquierda, el del obispo Fernando Ramírez y Vázquez. Palomilla de hierro y reja del siglo XVII.


Capilla de la Virgen de la Antigua

Capilla de la Virgen de la Antigua. El retablo, formado por banco, un cuerpo, tres calles y remate, es de madera dorada y fue realizado por Alonso Rodríguez Lucas (1697). Este retablo es parejo con el de San Blas, que preside la nave de la Epístola. En el primer cuerpo y en la calle central, imagen de la Virgen de la Antigua, enmarcada por columnas salomónicas. El cuadro de la Virgen de la Antigua es copia del existente en la Catedral de Sevilla, mandado pintar por el obispo Juan Rodríguez de Fonseca, y traído a la ciudad en 1498. El mal estado de conservación del mismo obligó a realizar una nueva copia en 1632 que fue encargada al pintor madrileño Antonio Monreal. En las calles laterales y en el primer cuerpo, dos pinturas al óleo sobre lienzo, una de la Inmaculada y otra de la Asunción firmada por Guerrero. En el segundo cuerpo, pintura al óleo sobre lienzo del Padre Eterno entre otros dos pequeños que representan a la Virgen y al arcángel San Gabriel. A los pies de la nave del Evangelio escultura de Cristo atado a la columna; y en la misma nave, entre las capillas del Bautismo y Santa Bárbara, pintura al óleo sobre lienzo de Cristo Crucificado, del siglo XVII o principios del XVIII. En esta misma nave, se encuentra en el muro del coro Nuestra Señora del Rosario, relieve en madera de nogal de estilo plateresco del siglo XVI que debió formar parte de una sillería de coro.


Capilla de San Blas

Capilla de San Blas. Retablo en madera dorada, realizado en 1697 por el zafrense Alonso Rodríguez Lucas, el mismo que realizó el retablo de la Virgen de la Antigua, con el que forma pareja. El retablo está constituido por banco, un cuerpo, tres calles y remate. El primer cuerpo está presidido por una pintura al óleo sobre lienzo de San Blas, del siglo XVII, enmarcado por columnas salomónicas y dos pinturas al óleo sobre lienzos: a su izquierda, un milagro del santo, y a la derecha, su martirio; en el remate pinturas al óleo sobre lienzo con motivos de ángeles. Junto al retablo se encuentra la sepultura del obispo Manuel Pérez Minayo, fechada en 1779.


Capilla de San Fernando

Capilla de San Fernando. Perteneció a Alonso Sánchez de Badajoz y Figueroa. En ella residía la Virgen de Bótoa en los períodos en que venía a la ciudad. Existen dos retablos, en el frente el de San Fernando y al lado izquierdo el de Santa Teresa. En el interior de la capilla también existen dos enterramientos, el del obispo Gabriel Álvarez de Faria, con fecha de 1802, y el de Raimundo Torrijos Gómez, 1903. La capilla se cierra con una reja del siglo XVII, pareja con la de la Magdalena.


Capilla del Sagrario

La Capilla del Sagrario estuvo en un principio en la cabecera de la nave del Evangelio, y en el siglo XVI se trasladó de lugar. Es la más espaciosa de la Catedral y está formada por una doble bóveda estrellada gótica. Su constructor fue Gaspar Méndez y se levantó hacia la mitad del siglo XVI. El retablo que preside la capilla estuvo montado con anterioridad en la Capilla Mayor. Tiene traza clásica y banco, tres calles, dos cuerpos y remate. Estuvo presidido por San Juan Bautista. Su autor fue el escultor Blas de Escobar, quien lo ejecutó entre 1666 y 1668. A sus lados dos altares o retablos  presididos por la Virgen del Carmen y Nuestra Señora del Sagrado Corazón del Niño Jesús.

En esta capilla se conservan igualmente una serie de pinturas al óleo sobre lienzo: Natividad, atribuida al siglo XVI; San Pedro, posiblemente obra del siglo XVII; Piedad; Virgen con el Niño, Santo Tomás de Villanueva; etc. El pavimento de la capilla está cubierto por laudas sepulcrales, algunas de ellas pertenecientes a distintos obispos de la sede pacense.


Capilla de Santa Ana

La Capilla de Santa Ana, fué mandada levantar por Gome Suárez de Figueroa y Moscosso en 1503. Posee una magnífica reja plateresca con el escudo del Marqués de Camarena. Con la invasión napoleónica desapareció la riqueza de esta capilla que fue la mejor dotada de la Catedral en lo que se refiere a obras artísticas y objetos de culto, entre ellos cabría destacar una serie de cuadros de Luis de Morales. Hasta 2002 había un sencillo retablo con Santa Ana y la Virgen, que se sustituyó por el retablo tardogótico que pudo presidir con anterioridad la Capilla Mayor de Santa María del Castillo (en la Alcazaba). Está formado por dos cuerpos, tres calles, banco, guardapolvos y pinturas sobre tablas que representan: Adoración de los Reyes, Natividad, San Jerónimo, Bautismo, Quinta Angustia, etc. En el primer cuerpo de la calle central, escultura de Virgen con el Niño, de principios del siglo XVI. El Calvario del remate es una pintura al óleo sobre lienzo de hacia 1700, que sustituyó a la tabla original. La fecha de ejecución corresponde al segundo tercio del siglo XVI, siendo, por tanto, arcaica la estructura del retablo y las pinturas que lo animan. En cuanto a su autoría, sólo se sabe que el guardapolvos fue pintado por Luis de Morales en 1546. Tal vez puede atribuirse a Gil y Francisco Hermosa.


Capilla de Santa Rita

Capilla de Santa Rita también llamada de La Anunciación. Ocupa el lugar donde se proyectó la torre que no llegó a levantarse. Está cubierta con una bóveda de crucería sencilla. Existe un cuadro de la Anunciación, de la segunda mitad del siglo XVIII, y a la izquierda un sencillo altar con la imagen moderna de Santa Rita. En la nave de la Epístola, junto a la capilla del Sagrario, hay una pintura al óleo sobre lienzo de la Piedad del siglo XVII, acompañada por dos ángeles. A los pies de la misma, una réplica de Murillo en una de sus Inmaculadas. También en esta misma nave cuelga una pintura sobre tabla de la primera mitad del siglo XVI que representa a la Virgen de las Angustias entre Santa Bárbara y Santa Inés. Adolece de algunos rasgos arcaizantes, caso de los medallones con escenas de la vida y pasión de Cristo que rodean a la Virgen. En tiempos, esta tabla estuvo en la capilla del baptisterio.


El Claustro

El Claustro de la Catedral forma parte también del Museo Catedralicio, pudiendo visitarse durante el recorrido por el mismo.

Levantado entre 1509 y 1520, sustituyó a otro anterior de la segunda mitad del siglo XIV. Tiene planta cuadrangular con alas o crujías de cinco tramos mas los angulares. Las crujías están cubiertas con bóvedas góticas con nervios diagonales en las bóvedas de los ángulos. Los arcos ofivales abiertos al patio están divididos en dos partes, la inferior formada por tracerías de arcos sustentados por pilares torsos y la superior cubierta con vidrieras de colores del siglo XIX que, al igual que la azulejería del claustro, procede de una restauración en el siglo XIX.

Sustituyendo a otros altares del s. XVI, en los ángulos del claustro encontramos cuatro altares pintados, tres de los cuales son obra de Alonso García Mures, y el cuarto de Antonio Lucenqui (1804): Virgen sedente con el niño, San Sebastián, San Fabián, Santa Brígida y San Juan Bautista.

Una de las dos capillas del claustro es la conocida como Capilla de San Benito, de la Soledad o de San Atón. Data de mediados del s. XVI, y tiene bóveda gótica. En el altar central se encuentra La Soledad, óleo sobre lienzo del s. XVIII. En el lateral izquierdo encontramos un retablo barroco tardío en mármol gris y blanco, del siglo XVIII, obra de Juan de Estrada, y con San Benito, San Atón, Santo Domingo, y San Miguel.

La segunda capilla es la del Santísimo Cristo, construida en el s. XVII junto con la Sala Capitular, por orden de Marín de Rodezno. Está cubierta por una cúpula sobre pechina, anteriormente pintada. En el centro de la capilla se encuentra un retablo de madera dorada con un Cristo Crucificado (s.XVI), procedente de la Ermita de Bótoa.

El claustro acoge el mausoleo del General Menacho desde 1911, cuando sus restos fueron trasladados.

En el muro de la crujía este del claustro, se encuentra la lauda sepulcral de Lorenzo Suárez de Figueroa y su mujer, Isabel de Aguilar, hecha en Venecia hacia 1503. La autoría de la lauda está dudosa entre Pier Zuanne delle Campane y Alessandro Leopardi. Está rodeada por una cenefa decorativa de grutescos que enmarcan la figura en relieve de Lorenzo Suárez de Figueroa, con el más puro espíritu y estilo renacentista. A sus pies, los escudos nobiliarios de los Figueroa y Aguilar y, bajo la figura, una inscripción. La lauda posee una placa complementaria, también con cenefa decorativa de grutescos y los escudos de los Figueroa y Aguilar.



La Sacristía

La Sacristía situada junto a la cabecera,  fue mandada levantar por Marín de Rodezno en 1697 junto con la Capilla Mayor. Es de planta cuadrada y cubierta por una cúpula. Está decorada con cajonería de nogal y espejos de ébano. En el centro se dispone una mesa calicera de mármol. En las paredes cuelgan ocho tapices de lana y seda, de la escuela flamenca del s. XVI. Estos tapices muestran motivos mitológicos como Cupido, Dafne, Diana, etc. Además encontramos un Crucificado de madera policromada. Entre la sacristía y la Capilla de la Magdalena se encuentra una capilla/oratorio dedicada a San Juan de Ribera.

La Antesacristía está cubierta con bóveda sencilla de crucería de ladrillo. La comunicación con la sacristía se realiza por una puerta de vano adintelado, enmarcado con pilastras jónicas, arquitrabe quebrado y frontón circular con relieve del Cordero, todo ello de principios del s. XVI.

La entrada a la Cripta está situada en el trascoro y fue mandada hacer en 1693 por Marín del Rodezno. Parece ser que fue construida en este lugar por la posible existencia de una antigua iglesia mozárabe.

Algunos tapices flamencos de la sacristia



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